jueves, 3 de junio de 2010

Cariño... sólo hemos echado un polvo!

(Tengo que confesar que este post sea, seguramente, uno de esos que en mi cabeza tiene mejor pinta de la que acabará teniendo sobre el "papel", pero aún así, me quiero arriesgar). 

Me quiero arriesgar decía, porque cuando en un grupo de Linkedin vi la discusión « Por favor, no me fidelice más » vi también una analogía con el mundo fuera del marketing, una de esas analogías que sirven para entender mejor el marketing a los no marketinianos y que a mi amigo Damián no le gustan, porque dice que no sabe si hablo de publicidad o de relaciones. Y qué más da Damián?

«Vi X, me gustó X, entré y compré X» -comenzaba el grupo de Linkedin- y ya está, como cuando dos personas en una discoteca se encuentran, se miran se gustan, y se van a la casa de uno de los dos. Aquí paz y después gloria. Pero a veces, las personas buscamos una segunda vez, como las marcas, y como algunas marcas, lo hacemos mal. 

Lo hacemos mal porque con la excusa del 360, monopolizamos los canales sin darnos cuenta de que algunos clientes ni quieren, ni pueden, ni deben ser fieles. 

Uno de los dos empieza buscando por el mail, un clásico, poco intrusivo, pero con baja tasa de respuesta. «Oye... me preguntaba sí...» pregunta que nunca queda resuelta. Lo intentamos con mensajes de Facebook, porque hoy por hoy el que no está en las redes sociales no existe, y el porcentaje sigue siendo el mismo. Y lejos de darnos por vencidos, o de sacar un poco de orgullo, porque el mensaje lo hemos entendido, pero nos cuesta tirar la toalla, probamos con el marketing móvil, primero con mensajes, y ya, de perdidos al río, directamente llamando, sea sábado, domingo, o siesta de guardar. 

«Oye, te he dejado un mensaje en el Facebook lo has visto?» (en realidad me has dejado 3, 2 correos y uno más en el móvil, qué te hace pensar que no lo he visto?)

Pero algunas marcas, y algunas personas no se dan, no nos damos cuenta, de que lo importante no es dónde se diga el mensaje si es un mensaje vacio, o que simplemente, no todas las marcas necesitan fidelizar, o más sencillo aún, algunos clientes no queremos que nos fidelicen porque sólo hemos echado un polvo.   



5 comentarios:

estela dijo...

Reconozco que la analogía me ha convencido jajajaja

Buen artículo!

Sergio dijo...

te ha salido bien, amigo!

Pedro Muñoz Valencia dijo...

Gracias a los dos.

Damián García Campos dijo...

(A ver cuando cojones añaden el comentario de "Me gusta" en blogspot y podemos permitirnos abandonar estos comentarios vacíos)

Divertida analogía.

Eso sí, tú fideliza que nunca se sabe.

Pedro Muñoz Valencia dijo...

Damián, hace poco Lara y yo manteníamos una conversación sobre las curiosidades de la vida. Una de esas, podría ser, sin duda, que tú hables de fidelizar.